Oswaldo en Sonsón

Por: Oswaldo Barrera Cogua

Todo inicia en mi natal Bogotá luego de obtener mi título como licenciado en Educación Física.

Después de haber experimentado con varios trabajos me llega la gran y sorpresiva noticia: Favor preséntese en Sonsón al Instituto Técnico Industrial.

Así es como llego en enero de 1985. Aquí se inicia mi gran e inesperada experiencia “paisa”.

Me encuentro un pueblo frío y muy agradable; con construcciones vetustas que le dan aires coloniales. Con un comercio bastante particular.

Las cantinas hacían presencia allí por donde yo caminaba y se escuchaba música que no estaba dentro de mi repertorio, la famosa “guasca” a la cual me fui acostumbrando poco a poco.

Alguna vez, muy recién llegado, me preguntaron por lo que más me había gustado de Sonsón y espontáneamente respondí: Sus hermosos paisajes con esos innumerables matices verdes.

Inicio mis actividades pedagógicas en “La Industrial” y con ellas lo que sería una muy buena relación con maestros de muchas regiones del país y obvio con mis estudiantes: niños , adolescentes, jóvenes y, algunos pocos, adultos.

A la vez empiezo a conocer a la comunidad industrial y población en general. En las llamadas a mi tierra les hablaba a mis familiare y amigos de lo contento que me sentía, de la belleza del pueblo, de las características de mi colegio y de la calidez y aceptación de sus pobladores.

Con el pasar del tiempo Sonsón cada día me acogía más y más, es así como tuve la oportunidad de prestar mis servicios como docente en otras instituciones educativas del municipio. Además de involucrarme fuertemente con las diversas actividades deportivas municipales.

El calor humano, la buena acogida, el servicio sin límites, el cariño de mis estudiantes, la colaboración desmedida de los padres de familia, su hermosa arquitectura. Todas estas cualidades tenían que tocar el corazón de éste frío, joven y entusiasta “rolo” o “chino” como me llaman cariñosamente mis alumnos, alumnas y amigos.

Llegar a Sonsón le multiplica a cualquier ser humano la capacidad de asombro, el amor por la naturaleza y lo más importante, la sensibilidad por el congénere .

Vivir en Sonsón es impregnarse de un frío que te calienta con la amabilidad y buen trato de su gente; es compartir con personas que te acogen desde el primer día como un sonsoneño más; es sentir en carne propia lo que es la sana convivencia; es sentirse como en casa .

Salir de Sonsón es una sensación de mutilación, te hace sentir que estás perdiendo algo importante de tu ser. Que dejas un gran amor por el cual quisieras volver algún día.

Lléga la hora de partir en el año 2000… pero inexplicablemente mi cariño por Sonsón no termina. Al contrario, crece más, y todo ésto debido a mis exalumnos, quienes muy gentilmente me invitan a compartir con ellos en proyectos deportivos y sociales en pro del amado pueblo.

Y ahí estoy hasta éste momento, feliz de compartir con los paisanos y trabajando siempre con mucho cariño por ésta tierra que me dio tanto y a su vez me permitió dar mucho de mí en beneficio de la niñez y juventud sonsoneña.

Todo lo anterior es para expresarles que es imposible no enamorarse de Sonsón; que es imposible no querer identificarse como sonsoneño; que es más imposible aun no tratar de retribuirle a esta tierra que te acoge y brinda todo lo bonito que pueda esperar una persona en tierra ajena.

Cómo no seguir sintiendo profundo amor por la tierra que me dio buenos amigos, una gran esposa y una hermosa hija.

No perderé cada una de las oportunidades que me brinden mis amigos sonsoneños para hacer algo por éste lindo pueblo y decirles .

¡¡¡Por Sonsón lo que sea papaaaa!!!

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